domingo, 26 de marzo de 2023

SPANISH SOUL JEWELS (21/25): LOS ALBAS

Y no podía faltar el Bugulú de Los Albas (1968-1978). Originarios de Granada, los hermanos José, Antonio y Manolo Rodríguz Coínes, acompañados por el batería Enric Canals, ex de Los Salvajes, son Los Albas. Esta formación va a permanecer prácticamente inamovible a lo largo de toda su trayectoria y la compenetración entre sus componentes va a ser clave en su éxito. Tras una gira europea sacan su primer single con el sello Vergara en 1968. Vendedores exitosos, de estilo tosco, que acoplaban a temas de éxito un ritmo continuo de rock elemental, cantar a una o varias voces al unísono la melodía, usar la rítmica con tendencia al sartenazo, dar color con alguna onomatopeya de arriero y meter algún breve punteo que reproducía generalmente la propia melodía. Y aquel reloj de madera funcionaba. Como lo que tocaban era muy sencillo y no requería grandes alardes técnicos, casi todos los conjuntos de pueblo incluían sus temas en los bailes dominicales y aquello amplificaba aún más su exitosa fórmula. En 1970 cambian a Ariola, sello recién llegado a España. Los Albas casi no se apean de los primeros puestos del hit parade durante más de dos años. Sus portadas y las rebuscadas vestimentas con las que posan ayudan lo suyo a crear una imagen distintiva. Les llueven los contratos y compiten varios años de tú a tú con Fórmula V, Los Diablos o Los Puntos por el oficioso título de la canción del verano. En 1971 pasan a Belter, pero nada cambia: un conjunto supercomercial y con pocos escrúpulos musicales, con el sello más cañí. El resultado es la conversión de Los Albas en figuras precursoras del trash nacional. Graban auténticos petardos que, bajo el pretexto de lo comercial, alcanzan lo chabacano. Sus discos ya no venden tanto como antes y su carrera languidece. Los Albas también editaron numerosos long play, casi todos ellos de carácter semirecopilatorio; es decir, con una mayoría de temas que ya antes habían sido publicados en formato single. Tanto en 33 como en 45 r. p. m. fueron grandes vendedores y se apuntaron decididamente a lo que se llamó canción del verano. Denostados y criticados en su tiempo, sinónimos de pachanga, ellos tuvieron siempre muy claro cuál era su territorio y su público y se limitaron a fabricar canciones para playas, verbenas y ferias de pueblo. Una música sencilla y sin problemas para consumidores que plantearan pocas exigencias y muchas ganas de pasarlo bien.

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