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sábado, 11 de julio de 2026

JOHN AND BEVERLEY MARTYN: "STORMBRINGER!" (1970)


A lo pronto fui a lo más fácil, pero me enredé. Les cuento. Pensé iniciar la entrada rememorando el primer encuentro con John Martyn, un ya lejano verano de 1974, de visita en Londres, con la compra en el HMV Shop de Oxford Street de su "Bless The Weather" (Islands Rcds, 1971). Reivindicar ahora aquella magnífica sensación de escuchar algo nuevo, distinto, un autor que mezclaba brillantemente la melodía de sus canciones con una instrumentación especial, una apuesta empeñada en dirigir al oyente hacia emociones que antes pudiera no haber experimentado. Esa idea me motivaba.

Pero no, nublado vuelo gris del arrepentido, reconozco ahora que, conociendo a posteriori la tristísima relación entre John y su mujer, Beverley Martyn (malos tratos, abusos, abandono a su suerte...) debería haber variado ese comienzo, atraer la atención del lector hacia la víctima, reivindicar mejor su figura. 

Volví a tropezar sobre la misma piedra. Empeñéme con énfasis en repasar los textos de las canciones de este "Stormbringer!" (4MenwithBeards Rcds, RE 2011), busqué en ellos al más probable prescriptor de la tormenta y, aunque de forma algo velada al principio, más diáfana al final de la grabación ("Would You Believe Me?" anticipa aquí futuras desgracias), John aparecía entonces como el presunto villano en esta historia.


¡La madre que me parió!..., ¿es posible que se complique uno la vida de forma tan gratuita, intentando (re)crear una historia aparentemente inócua, el mero relato del contenido de un disco, para mezclarlo con truculentas secuencias vitales de sus protagonistas?. No vale la pena, asi que decidí dar un giro...

...y ya puestos...¿por qué no divagar sobre el viaje de John y Beverley recién casados hacia unos Estados Unidos, llenos de esplendor underground en aquel mágico año 1969 de Woodstock? (de hecho una canción lleva ese mismo título). ¿Por qué no crear un símil marinero, rememorar las hazañas literarias de aquellos legendarios pescadores bretones, gallegos, vascos que navegaron por el Gran Sol de Aldecoa y Castroviejo hasta que se encuentran en las costas de Massachussetts con el ballenero de Melville?

A priori, esa probabilidad naútica me abría más campos de experimentación narrativa, me alineaba con la verdadera decisión de John y Beverley al cruzar el charco, poner mar por medio, pero para consolidar  una relación ideal en la que la propia música sirviera también para fortalecer su vínculo profesional. Joe Boyd, el productor del disco, ya lo había previsto. Dos personajes, John, artista en claro ascenso en la escena británica folk-rock de los últimos 60, autor de dos discos ("London Conversation" 1967 y "The Tumbler" 1968, ambos en Island Rcds), junto a Beverley, una folk-singer de Coventry, curtida también en la escena de jug-bands con The Leeve Breakers, protagonista esporádica en grabaciones sueltas de John Renbourn y Bert Jansch, cercana al círculo de un Paul Simon que, de vuelta a Nueva York, la invita para participar en la grabación del álbum "Bookends" (Columbia Rcds, 1968) junto a su compañero Art Garfunkel.


Beverley apoya su cabeza sobre el hombro de John. Su mirada se nos muestra fija sobre la cámara de Hiroshi - el fotógrafo acreditado -. John gira su rostro pensativo hacia el lado contrario, a los dos personajes les encumbra un cielo con mayor rasgo pictórico, sus colores parecen anunciar una sesión de romántico esplendor, de melancólica dispersión, sensación que queda aun mas resaltada en los retratos de ambos en la contraportada del disco. Observen sus ojos, ensoñadores, la línea de sus labios, satisfechos tras una breve pereza que busca despertarse definitivamente, la diáfana luz en sus caras.

Vamos al grano. Interesante observar previamente cómo John y Beverley se reparten la autoría de las 10 canciones, 6 para él, 4 para ella, un porcentaje que, independientemente de la escasa diferencia que representa, resalta la importancia acreditada a Beverley, una protagonista con el suficiente empaque artístico para consolidar su peso específico dentro de la grabación.

Sigamos por esta vía individual. Tres temas de John en la Cara A. "Go Out And Get It", "Stormbringer!" (la voz de Beverley la hace casi suya) y "Woodstock". Su personalísima voz potencia la estructura melódica de cada una de ellas, las otorga el suficiente impulso rítmico para elevarlas a la condición de grandes canciones, sin necesidad de recrearlas con arreglos inoportunos. Las dos restantes de Beverley, "Can´t Get The One I Want" y "Sweet Honey", meláncolica belleza y quietud en la primera, la segunda, la más extensa del disco, encumbran el fraseo de una artista perfectamente dotada para hacer creíble la lírica del texto que recita. La instrumentación en todas ellas marca una de las pautas reseñables en el disco. Base rítmica de folk-rock potente, líneas de bajos convincentes, teclados brillantes, batería elevada a su mínima (y máxima) expresión percusiva (Levon Helm colabora en "Sweet Honesty"). Además del miembro de The Band, un elenco de grandes profesionales acreditan esta afirmación (Paul Harris, piano, Harvey Brooks, bajo, John Simon, clave, Billy Mundi de The Mothers Of Invention y Herbie Lovell, también baterías).


Al igual que la cara anterior, la Cara B presenta la misma distribución de composiciones. Tres para John, "John The Baptist" (nueva colaboración de Levon Helm), "Traffic-Light Lady" y "Would You Believe Me?" (volvemos a resaltar aquí una suerte de premonición de un futuro desastroso) y dos para ella, "The Ocean" (existe una magnífica versión de Françoise Hardy) y "Tomorrow Time". Las dos primeras de John me retrotraen mucho a la etapa en la que conocí su obra ("Bless The Weather", 1974). Un artista aparentemente escueto en cuanto a su expresividad musical, libre de cualquier ambage innecesario que hiciera brillar el mensaje y contenido de sus canciones, pero, al mismo tiempo, dueño de una extraordinaria viveza rítmica e instrumental que, gracias a las ya mencionadas ansias de experimentación sonora, iban a proporcionarle muy buenos momentos en su carrera profesional.

Los dos reseñados temas de Beverley, navegan en un mar de melodía en calma, se asemejan a canciones de cuna interpretadas en tardes donde los colores se van diluyendo pausadamente. Maravilloso la clave que acompaña la interpretación de "Tomorrow Time", la voz de Beverley me recuerda aquí al mejor Adamo (si me lo permiten), aquel de "Mis Manos En Tu Cintura", "Tu Nombre". Continúa el vuelo de la clave de John Simon y Beverley tararea un final en el que escucho caer perlas sobre un suelo de mármol. 

"Stormbringer!", publicado en 1970 por Island Rcds., muestra en definitiva a dos grandes artistas. John, más conocido, autor con una sólida base folk pero protagonista también de una inefable inquietud por ampliar su estilo incorporando nuevas influencias, rock, jazz, blues. Beverley, contrapunto más terrenal, compositora menos conocida pero, en el momento de la grabación (verano de 1969) ya con tablas suficientes para convencer a Joe Boyd de la oportunidad que se le presentaba. Conjugar el empuje de John con la ternura de Beverley. Ocasión, al igual que su siguiente grabación del mismo año y sello ("The Road To Ruin"), que no terminó de cuajar entre una audiencia quizás más atenta con los fuegos postreros de la psicodelia. Lástima, sobre todo para una Beverley que podría haber dado mucho más juego del que le perimitieron dar. 



  












sábado, 19 de abril de 2025

HAPPY MONDAYS: "PILLS N THRILLS AND BELLYACHES" (1990)

 


Una de las últimas y más pintorescas noticias de Happy Mondays a las que tuve acceso sucedió accidentalmente a través de una publicación en la que anunciaban la creación de una colección de ropa: "Algunas de las cosas que me envían, ¡joder! ¿Te pondrás esto y te pagaremos aquello? Y es como... ¡ Tengo 60 años amigo! y estoy usando una camiseta grande, ¡jodidamente florida, jodidamente inteligente, jodidamente riendo, jodidamente acid house!"..., así se expresaba Shaun Ryder con ocasión de tan extraordinario evento (2010)

No puedo evitar la tentación de regocijarme ante la simpleza de una declaración como esta. Happy Mondays comienza su itinerario en este blog de esta forma, tan exótica, tan poco trascendente, afirmaría que en buena parte se lo merecen, es el precio a pagar por haberme devuelto a la barata época de la adolescencia. ¿O es que alguien cree que los oyentes ya en edad provecta no tenemos derecho a retornar a las andadas, recuperar de la memoria nuestros momentos más alocados? La formación mancuniana, representante genuina de aquella escena que algunos bautizaron con el acertado nombre de "Madchester" encarna también la elevación a la categoría de iconos de dos de sus más destacados miembros, su mismo líder, Shaun Ryder y el monagillo Bez, el "Nureyev" de la banda, dos personalidades fervientemente partidarias de la incontinencia juvenil.


Happy Mondays, uno de sus grandes aciertos es el de su mismo nombre, ejercicio de puntería incontestable. "Felices Lunes", el más logrado oximoron, la idea del deber, propiciado por el inicio de la semana laboral, convertido en nueva jornada enfebrecida, pasional, continuación feliz y permanente del anterior fin de semana glorioso. La banda actúa en The Haçienda en Diciembre de 1985 como teloneros de New Order, Bez cae del escenario y se ocasiona un fuerte corte en la frente, se unta la herida sangrante con su saliva y el pegajoso resto de un ácido que le pasa el guitarrista, mientras esto sucede continúa moviendo las caderas como lo haría Gloria Jones, la Reina del Nothern Soul del Wigan Casino. Repiten en Mayo de 1989 para presentar su álbum "Bummed" (Factory Rcds, 1988), el mismo Bez incita a los asitentes a despojarse de sus ropas., muchos le siguen. Son cabezas de cartel en el Pyramid Stage de Glastonbury en 1990, testigos principales de aquellas feroces peleas que enfrentaron a los guardias de seguridad del parking público contra los asistentes al concierto. El éxtasis transforma la cultura de toda una generación, los botellines de agua se venden al desorbitado precio de una libra, el "Segundo Verano del Amor" del 88 ha estallado, "I smell dope, I smell dope, I smell dope / Holiday / Holiday

Volvamos a la normalidad del folletín. El vinilo original de "Pills N Thrills And Bellyaches" (Factory Rcds, 1990) contiene en su interior un regalo, un enorme poster en el que se despliega un auténtico microcosmos ilustrativo titulado "Manchester. So Much To Thank It For". Le acompaña información extensa de todo tipo; cronológica, desde el mítico concierto en Julio de 1976 de Sex Pistols en el Free Trade Hall (apenas una cuarentena de asistentes) hasta Julio de 1992 en que Tony Wilson decide la venta de Factory Records después de sus graves problemas económicos (causados en buena parte, por los elevadísimos costes en las grabaciones de los últimos discos de Happy Mondays y New Order). Se mencionan álbumes icónicos de la época, comenzando con el "Closer" de Joy Division e incluyendo acertadas menciones al "The Queen Is Dead" de The Smiths, el primero homónimo de The Stone Roses o el "Hex Enduction Hour" de The Fall. Apartados relativos a personajes del entorno (Ian Curtis, Morrissey, Howard Devoto, Ian Brown...), lugares de encuentro (The Haçienda, Legends, Free Trade Hall...) y bandas (A Certain Ratio, Buzzcocks, Chameleons, Durutti Column, Fall, Happy Mondays, James,  New Order, The Smiths, The Stone Roses...) consiguen completar la panorámica. La maquetación de la página pone la guinda con un texto central resumen de la escena mancuniana en la que se añaden declaraciones como la que sigue: "Somos los únicos miembros supervivientes de un caos rastrero" (Bernard Summer, guitarra de Joy Division y New Order).


Entre tanto, antes de decidir si me compro o no la camiseta, he resuelto incorporar a la escucha los remixes incluidos en su "Greatest Hits" (London Rcds, 1999). Suenan "The Boys Are Back In Town", "Hallelujah", "Lazyitis", "W.F.L." (apoteósica su interpretación en el Sound Factory neoyorquino en 1990), "Staying Alive", "Step On"..., se cuela también el "24 Hour Party People", un tema en el que Happy Mondays relata ingenuamente los primeros tiempos postmodernos de la escena "Madchester" de los últimos años 80 e inicios de los 90. En la película homónima (Michael Winterbottom, 2002) se concede una visión preferente al magma interno de una juventud inglesa harta de desempleo juvenil y de recortes sociales; prevalecen las imágenes de tráfico urbano y colas adolescentes a la entrada de los clubes de moda, se muestra la idea de fiesta como antídoto y también cohesión colectiva y racial, el postureo gamberro de los anchos pantalones masculinos y el largo cabello ensortijado de ellas imponen su estilo.

Como en cualquier club que se precie en aquel Manchester, en "Pills N Bills And Bellyaches" se presentan dos estancias bien diferenciadas; la primera es la propia pista de baile (The Haçienda). Allí se desarrolla la coreografía urbana de los rave parties de la campiña inglesa del inicio de la década, miles de adolescentes a lo largo de todo el país haciendo botellón y escuchando el disco-soul Northern Soul previo de Wigan, techno, hardcore, funk, jazz y electrónica, acid house en definitiva. En esta estancia se escuchan sus temas más icónicos, "Kinky Afro", "God´s Cop", "Grandbag´s Funeral", "Loose Fit", "Dennis And Lois", "Step On"; en la segunda aparece un reservado, los clientes top escuchan "Donovan", "Bob´s Yer Uncle", "Holiday" y "Harmony", se trapichea y puede que ocurra algo de sexo ocasional.

Shaun Ryder (compositor y voz), su hermano Paul (bajo), Paul PD Davis (teclados), Gary Whelan (batería) y Mark Day (guitarra) son los integrantes de esta banda única. Bez aparece en los créditos del disco aunque se ignora su cometido. Completan el elenco Rowetta (mucho más que la voz invitada en varios de los temas del disco, musa de la banda) y Tony Castro (percusión con sabor latino), ambos también participantes de la efeméride del "24 Hour Party People". Paul Oakenfold y Steve Osborne se encargan de la producción. Se aprecia su contribución. La contrastada experiencia de ambos como reconocidos djs en los mejores clubs mancunianos de la época otorga al disco un toque evidentemente moderno, breaks acelerados con compulsivas líneas de bajo, samples de ritmos sincopados (gran aporte aquí de los teclados), las secuencias de las guitarras (magnífico Mark Day durante toda la grabación) consigue que el disco  se baile con suma facilidad. 

Así que comencemos a disfrutar... "Let´s ride / Right On right on"..., "Pills N Bills And Bellyaches" supone una auténtico fiestón para los sentidos. Reconozco un descalabramiento especial cada vez que escucho este disco, un emocionate y maravilloso retroceso a la edad del post-pavo. El placer pasado (ya sentido) puede que defraude la experiencia, pero la posibilidad de una nueva audición se que me va a poner a mil; se trata de un renacimiento, el estadio de la juventud (enfebrecido, pasional, libre de deberes) retorna de nuevo. Se inicia el masaje, cierro antes mis ojos fúnebres.




 
 



martes, 14 de enero de 2025

THE CURE. "SONGS OF A LOST WORLD" (2024)

 


Hacía demasiado tiempo sin volver a The Cure. Desde aquellos sus primeros magníficos Lps "The Imaginary Boys", "Seventeen Seconds", "Faith", "Pornography", "The Head On The Door" (1985), dejé a la banda inglesa aparcada en la inmensa nave del olvido, la mano femenina ya no mecía la cuna. Casi 35 años pasando a su lado sin prestarles atención, ni siquiera sus dos últimos conciertos en Madrid (2016 y 2022) llamaron lo suficiente mi interés para acercarme a verles en directo... vale, si..., artículos, referencias dispersas, notas de prensa, vídeos en youtube, comentarios esporádicos mantenían viva una bandera que apenas ondeaba.  

Conforme iba terminando el año un inesperado runrún recorría las calles, las convertía en avenidas. En ese aun no lejano mes de Noviembre se publicaba "Songs Of A Lost World", última grabación en estudio desde aquel ya distante "4:13 Dream" de 2008. Todo aquellos caminos coincidían. Este disco de The Cure es una auténtica delicia, un muy acertado regreso al mejor nivel compositivo de Robert Smith, la excelente revitalización de una banda a la que se daba ya como más que amortizada, acaso superada por las circunstancias de una evolución de los gustos musicales más que discutible. Decían.

LLevo escuchando este "Songs Of A Lost World" en bucle, un día tras otro, semana tras semana, sueño tras sueño; cambio de plato cada dos por tres, coloco la silla en la mitad de la habitación para conseguir una mejor audición de los altavoces, vuelvo a mi posición habitual mientras escribo, he leído las letras con la emoción de un primate, saboreo pequeños sorbos de pacharán, apenas me distraigo mirando el teléfono móvil, meso una barba ya crecida, cambio de posición en la cama, tomo notas a altas horas de la madrugada (es solo entonces cuando bendigo el maldito insomnio). Paso una vez más el cepillo por la aguja. Robert Smith ha capturado mi tiempo, la deshora feliz que eleva la mente hasta cimas arrugadas de celofán, aquel deseo realizado que siempre agradece la vida.


Cuatro temas por cada cara, no hace falta más. Todos ellos, "Alone", "And Nothing Is Forever", "A Fragile Thing" y "War Song" en la A, "Dron: No Drone", "I Can Never Say Goodbye", "All I Ever Am" y "End Song" en la cara B, transcurren sin cronómetro, no importan los minutos, ni la duración efectiva del disco, el sonido transporta al oyente a la dimensión que él mismo elija. Yo he optado por querer convertirme en el hombre que nunca existió (o por jugar al hombre sedado), cerrar los ojos e introducirme en la imagen de la portada del disco, un busto que sueña un sueño de piedra, desde la parte superior se elevan otros acantilados, mientras mis labios esperan anhelantes el beso de ella, araña de arena.  

En cada canción se alza un cometa que se va conformando según se desarrolla su respectiva melodía, se va modelando así la visión panorámica del espectador, atónito en su órbita la elipsis se repite una y otra vez, es partícipe de un viaje del que muy probablemente no quiera volver. Magnífica la instrumentación, las capas de teclados, las líneas de guitarras y bajos, la extraordinaria puntuación de la batería, el sutilísimo acople del piano, la voz de Robert, perfectamente ensamblada en la etérea magnitud de la obra. Flota el oyente en un ambiente de placebo abierto, sin dimensiones geográficas, sin parajes a priori conocidos, desde la zona del fondo abisal hasta el espacio más lleno de vacío. Navegar sin velas.

En los textos de las canciones Robert ha optado por transmitir su experiencia de homo finitus, consciente de su declive físico, relator de un viaje de vuelta en el que el recuerdo del tiempo pasado pesa como una losa, las canciones de un mundo a punto de ser perdido, al final de los créditos aparecen casi escondidos unos breves versos de John Keats..."Y cuando yo sienta, justa criatura de cualquier instante / Que nunca más volveré a verte / Nunca más degustar el irreflexivo amor de tu poder mágico / Entonces, en la orilla del amplio mundo Yo estaré solo, para pensar / Que hasta el amor y la fama sucumbirán a la nada".

"Nothing / Nothing / Nothing", las tres mismas y últimas palabras con las que finaliza el disco ("End Song") chocan contra una grandiosa linealidad melódica mantenida durante todo este "Songs Of A Lost World". Grabación sin picos ni valles, sin coros, sin puentes, sin riffs de guitarras (salvo un atisbo emocionante en "Drone: No Drone"), sin estribillos cansados, sin canciones preferidas, todas lo son, todas curan. Cuando me recupero, las aspas de un viejo ventilador siguen revoloteando contra una pared desnuda.


A Lucía, las dos.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2024

THE MOVE :"MOVE" (1968)

 


... abrí la boca como una yegua con dolor de muelas mientras salgo de Longbridge. Conduzco el Mini Cooper rosa de Sally hasta Birmingham, apenas 10 millas hasta cruzar la A4540 para aparcar cerca de Harborne Road, justo enfrente del Delta Hotel, allí vivía ella. La jornada laboral en la fábrica ha sido un auténtico tormento, apenas sin dormir entré en el primer turno, eran las 6,30 de la mañana y recuerdo que pasada la medianoche salimos del Cedar´s Club de Constitution Hill. El primer concierto de The Move fue un auténtico éxito y después Sally y yo nos quedamos en el apartamento de Eddie Fewtrell... un gran tipo Eddie Junior... las cortinas doradas del Gosta Green se deslizaban suavemente por la enorme pared floreada mientras sentía golpe a golpe el latido de su corazón.

Hace un día de perros grises manchados hasta el culo de barro cuando intento hacer memoria, estoy citado con Chelita Secunda, hija de Tony Secunda, el famoso y loco mánager de The Move (además de The Moody Blues, Procol Harum, T. Rex...) y no deseo llegar tarde. Llueve a cantaros mientras me dispongo a entrar en The Victoria, en la esquina más concurrida del Centro Comercial de New Street Station. El edificio se asemeja a una gran burbuja a punto de ser aplastada, sus muros exteriores de cristal parecen querer despegar hacia el cielo pero un lastre plomizo se lo impide. ¿Qué tal por Brum Chelita? saludo. Ella ha llegado hace un par de días de California y viste con ropas demasiado holgadas. Mi padre, ¡ah, mi pobre padre!, deja que te cuente, tampoco estaba tan pirado, y si así fuera, nunca hubiera sido mánager de tantos otros grupos (Motörhead, Steeleye Span, Marianne Faithfull, Pretenders...)

Por lo que veo comienza categórica afirmando que en realidad fue la banda, The Move, la que no llegó a estar a la altura de Tony Secunda, un visionario en aquellos años 60. Algunos de sus miembros iniciales, el bajista Ace Kefford y el guitarra Trevor Burton, los más atolondrados (su ingesta de ácido era continua) quizá si pudieron llegar a entenderle, pero el resto, desde el líder Roy Wood hasta vocalista Carl Wayne y el batería Bev Bevan, no lo hicieron, ratifica, de hecho más tarde o más temprano se opusieron a su gestión. Mi padre era un auténtico convencido, hay que impulsar la imagen de la banda hasta límites inverosímiles, decía, de esta manera nos atraeremos la atención de los medios y del público y así lograremos que el nombre del grupo esté en boca de todos.


Te entiendo Chelita pero... déjame... algunas de las ideas de tu padre fueron auténticamente estrafalarias, escandalosas. El que The Move se presentasen en los conciertos blandiendo un hacha, golpeando bustos de Hitler, destrozando aparatos de televisión, vehículos americanos o machacando sus propios instrumentos (muy a lo Who, banda a la que The Move admiraban), firmar su primer contrato discográfico con Deram sobre la espalda desnuda de una top-less o, ya el colmo de la insensatez, el publicar la foto del entonces Primer Ministro Harold Wilson encamado con su secretaria personal (de la que se rumoreaba que era su amante) en la presentación de su más conocido hit "Flowers In The Rain"... chica... aquello les costó una sonada demanda judicial del político y, como sentencia firme, una condena económica que supuso la pérdida de los royalties sobre muchas de sus composiciones. De hecho, esta última acción, les empujó a prescindir definitivamente de tu padre como mánager de la formación.

Chelita suspira mientras un tímido rayo solar se cuela entre las ventanas de The Victoria y aprovecho entonces para pedir otra ronda de Double Diamonds y una trompeta de fish & chips (con mostaza de Dijon). Mientras tanto Chelina me hablaba de su padre alojado en un piso de 30 libras al mes en Balsall Heath ("no blacks, no Irish, no dogs"), cerca de la principal mezquita de Birmingham, comiendo copos de avena y maíz, muchos días, tan pelado estaba en los últimos años 50. Cambio de tema cuando ella hace un alto, ¿recuerdas si tu padre te comentaba algo sobre los singles, sobre las primeras grabaciones de The Move?  ¡Oh, ya lo creo que lo hacía!, los hits que subieron en las listas, aquellas canciones incluidas en el primer Lp de la banda ("Flowers In The Rain" / "(Here We Go Round) The Lemon Tree" y "Fire Brigade" / "Walk Upon The Water" (la cara A de este último presentada en la sede de la Birmingham Fire Brigade de Vauxhall Road, recuerdo los perros del destacamento protestando con sus atronadores ladridos), él estaba enormemente orgulloso de esas canciones.


Parte importante de las composiciones inicialmente seleccionadas para conformar el primer Lp fueron robadas de la furgoneta de la banda en Denmark Street en Abril de 1967. Mientras se rehacen las canciones originales y se incorporan otras nuevas los músicos presionan a Tony Secunda para ir cambiando de estudios de grabación. Denny Cordell, el productor elegido, no deja de ser un buen chico pero la labor fundamental queda en mano de los Ingenieros de sonido. Antes de la publicación definitiva en Marzo de 1968 la banda se presenta en el programa musical "Beat! Beat! Beat!" de la televisión germana y posteriormente realiza una gira de conciertos por el circuito nacional de cabarets (decisión de Secunda que disgustaba a los miembros de la banda) El disco (publicado por Regal Zonophone, subsidiaria de EMI) alcanza el número 15 de las listas en Abril de 1968, manteniéndose con altibajos durante nueve semanas entre los Top 40. 

Bueno... ¿y qué fue de tu novia por entonces... Sally, se llamaba Sally? (la mirada de Chelita busca una nueva oportunidad). No me has contado nada de ti, dulce. Sally emigró a Australia con Arthur, contesto, corto y cierro.... intento abrir una nueva ventana... ¿qué pienso del disco? sigo escuchándolo con cierta nostalgia, ella, no me extraña. Haberlos seguido desde el principio, en aquella época tan mágica, cuanto me hubiera gustado haberla compartido con vosotros, insiste, cuca. Miro descaradamente mi reloj. 


Ambas caras me parecen brillantes, todas las canciones compuestas por Roy Wood ("Yellow Rainbow", "Kilroy Was Here", "(Here We Go Round) The Lemon Tree", "Walk Upon The Water", "Flowers In The Rain", "Useless Information", "The Girl Outside", "Fire Brigade", "Mist On A Monday Morning" y "Cherry Blossom Clinic") mantienen ese tono beat tan bailable, desenfadado pero también poderoso y enérgico en su propia estructura instrumental, a veces barroca, otras orquestal, sin pecar nunca de ostentación. Las versiones ("Weekend", la gran "Hey Grandma" de Moby Grape y "Zing Went The Strings") siguen ese mismo plan. El hecho de que todos los miembros de la banda cantaran y que, siguiendo a sus adorados Beach Boys, se adentraran en el encantador mundo de las armonías vocales, no deja de otorgar mayor valor al disco. Los arreglos de cuerda de Tony Visconti también juegan a su favor. Un gran disco, sentencio.  

Había dejado una copia del CD sobre la mesa. ¿Tienes algún plan? Pido la cuenta al camarero. Chelita coge el compacto y mira la carátula, sin levantar la vista, ¿no te gustaría soplar el molinillo de viento juntos, esta noche? ¡¡¡Camarero, camareroooo!!! 


 

viernes, 15 de marzo de 2024

JOHN CALE: "FEAR" (1974)

 


No confesaré mi edad, tan solo aclararé que la fecha exacta de mi aniversario coincide con la de las exequias oficiales del tiranicida Stalin y, para compensar tal despropósito, también encajaría con la del alumbramiento minero de John Cale. Para darles más pistas, aquellos que tiendan a pensar que una buena parte de mi querencia por el lado oscuro de la luna provenga de la lectura de muchas páginas, aquellas en las que se encuentra esa belleza escondida e inesperada, decirles que tal vez vayan bien encaminados..

Así que no es extraño que yo prefiera esa portada del artista galés a las de sus otros discos, los ojos narcotizados, la techumbre peluda de sus cejas, recrearme observando las perchas que sostienen sus órbitas, asomándose a un abismo aparentemente controlado, la sonrisa de su boca apenas cicatrizada, el perfil de su mandíbula cayendo hacia una frontera metalizada. 

Doy por sabido que gran parte de los lectores conocerán la vida y milagros del autor galés, hijo de minero (me vienen a la memoria ahora esas imágenes de constante neblina de carbón, el aire insalubre de las ciudades industriales inglesas que tan bien retrataba Dickens en "Tiempos Difíciles") y de profesora de escuela Por resumir mucho, su educación musical clásica en Londres, su prolongada estancia en un Nueva York, sede de múltiples experiencias vanguardistas en las que participa el músico, la creación, junto a Lou Reed, de los seminales The Velvet Undreground (las mejores obras, "The Velvet Undreground & Nico" y "White Light / White Heat", son suyas)

Vernon Joynson ("The Tapestry Of Delights, Revisited", 2006) comenta que su contribución al rock no es fácil de resumir. Influyente como un arquetípico compositor underground, descatado precursor del punk y la new-wave, a pesar de su educación musical clásica y vanguardista y de una producción claramente orientada hacia la melodía y al gusto del oyente convencional, sin embargo su propuesta es lo suficientemente excéntrica como para obtener éxito comercial, sin que por ello deje de ser reconocido como uno de los más grandes innovadores de la música rock. 


Momentáneamente ajenos a seguir conceptualizando al personaje, John se muda a Londres en 1974. En USA ha dejado una carrera post-VU con álbumes brillantes aunque sin éxito ("Vintage Violence", "The Academy of Peril" y "Paris, 1919"), también trabaja como acreditado músico de sesión, productor freelance (en el primer Lp homónimo de The Stooges y en los iniciales de Nico y The Modern Lovers), además de figurar como empleado fijo en las nóminas de CBS en Nueva York y Reprise en Los Ángeles. Pretende también abandonar su adicción a las drogas y al alcohol. Su segundo  matrimonio con Cindy Wells (ex-The GTOs, banda super-groupie en el entorno de Frank Zappa) también hace aguas en la capital británica (que pregunten al amigo Kevin Ayers...) No pintan precisamente oros por entonces.

En ese 1974 John firma contrato con Island Records y ambas partes aspiran a convertir su música en una continuación exitosa de la carrera anterior con V.U. en USA. Fans declarados como David Bowie y Roxy Music han preparado el camino para que la audiencia inglesa sea más receptiva y este "Fear" supondrá el primer hito en esta nueva trayectoria. Grabado con la ayuda de su amigo Eno, "Fear" aun posee cierta influencia del "White Light / White Heat" pero ya se decanta por el estilo y sonido característico del Cale de mitad de los 70, una fuerza bruta, un ser humano herido, tratando de exorcizar sus demonios interiores. que, pocos años después, darían lugar a sus más que ontrovertidas teorías de la conspiración.



Tiendo últimamente a calibrar los discos en función de las señales inconscientes que producen en mi mente, esto es, disfruto mucho más de aquellas canciones que mayor poso nocturno me trasmiten. "Fear" tiene indudablemente sus momentos álgidos. "Fear  Is A Man´s  Best Friend" sería el principal. Inspirado por la paranoia de un adicto ("Standing waiting for a man to show / Wide eyed one eye fixed on the door") parangona una melodía de rock sublime, equiparable  al posterior "Marquee Moon" de Television pero sin llegar a tal cumbre, las líneas de las guitarras de Richard Lloyd se recrearán sobre estas de Phil Manzanera. El segundo tema sería "Gun", tema en el que el Cale más inspirado se acerca al Reed cronista callejero, una suerte de boogie-gansteril que suena a V.U. por todos sus surcos, la guitarra (otra vez) de Manzanera exhuma vapores "For Your Pleasure". Y el tercer aro olímpico sería para "The Man Who Couldn´t Afford To Orgy" (single sin éxito). Es este tema  el que más suena en mi cabeza cuando mis defensas están más bajas, los maravillosos coros wilsonianos de Judy Nylon parecen recuperar de nuevo mi fe en una Humanidad enloquecida, el breve riff de guitarra de Manzanera (¡por Dios, como tocaba este hombre por entonces!) sabe a néctar y suena a cama-muelle.

Si con tan solo estos tres temas "Fear" es un disco inolvidable, sus otras canciones refuerzan mi idea de encontrarne ante la mejor obra de John Cale. El comienzo beatle de "Buffalo Ballet", el apunte barítono de sus versos ("Sleeping In The Midday Sun...") hermosísimo, el piano reforzando la melancolía del tema: "Barracuda", una sencilla pieza que contrapone una base rítmica tribal con ténues líneas de guitarra; "Emily" con sus originales arreglos marítimos ("Down By The Sea With You..."); "Ships Of Fools", ¿recuerda alguien aquel encantador "By The Time I Get To Phoenix" de Isaac Hayes, aquí trasladado a la ciudad galesa de Swansea?, misma sensación de pertenencia recuperada; "You Know More Than I Know", la base rítmica ayuda a reconciliarse con su cadencia narcótica; "Mommama Scuba", anticipándonos de nuevo al eje afilado del "Marquee Moon" de tres años después. 

He de comentarles que la copia que suena ahora en el plato es una reedición del sello Vintage Lovers de 2008 y recoge dos bonus-tracks, uno en cada cara. "Bamboo Floor" en la A y "All I Want Is You" en la B; dos temas que, acompañados de composiciones tan prodigiosas como las originales de la edición de 1974, ratifican a este oyente en el gusto por el John Cale sinuoso y controvertido, además de virtuoso y asequible.







miércoles, 27 de julio de 2022

VASHTI vs THE WORLD

 


Eráse una vez Vashti Bunyan, una chica tímida y desubicada que buscaba realizar un sueño. El redactor del texto (un ser esponjoso y atrabiliario) trabajaba inicialmente con la idea de la intérprete inglesa como un ejemplo de la filosofía hippie. Se trataba de renunciar a la cómoda vida burguesa de las atestadas ciudades para trasladarse a vivir al campo. Compartir el viaje con otros compañeros, ser partícipe y llevar a buen término la vida comunal, el trabajo colectivo, la ganancia y el beneficio compartido, sin ataduras de ningún tipo. Ser libres para vivir libres. Además, la música de Vashti Bunyan trasladaba fácilmente al redactor ese cúmulo de sensaciones. A simple vista todo parecía encajar.

La cosa se complica cuando el redactor relée la autobiografía de la artista publicada en la revista Flashback en el verano de 2015. Donde esperaba encontrar el cimiento argumental de su relato, basado fundamentalmente en muchos de los apuntes reseñados en el párrafo anterior, el redactor descubre en las últimas palabras de Vashti un profundo pozo de melancolía y desengaño ¡Esta no es la Vashti que yo recordaba, aquella intérprete dulce y soñadora que encandilaba a los más conspicuos seguidores de la doctrina hippie! Vashti inmersa en la búsqueda de su propio on the road, empeñada en hacerlo además sirviéndose de su música como fiel testigo de esa experiencia. 


Jennifer Vashti (apodo con el que se conocía a su madre) es la hija pequeña de una familia típica inglesa (padre intérprete amateur de música clásica y madre domesticada). Mala estudiante, aficionada temprana a la música pop del momento, la vemos guitarra en mano por Piccadilly Circus a mediados de 1965 improvisando sus primeras canciones. En la ciudad de Oxford acude a una de las Academias de Arte y allí empieza a sorprender a propios y extraños, se hace un hueco entre los trovadores folk urbanos. El eco de la pureza de su voz, junto a la aparente sencillez de sus composiciones, llegan al cercano Londres de las Agencias de contratación. Se mueve en el ámbito de influencia del entonces brillante Andrew Loog Oldham. El mánager de The Rolling Stones pretende hacer de ella una Marianne Faithfull de segunda división; en el sello Decca publica su primer single, "Some Things Just Stick In Your Mind" / "I Want To Be Alone", la cara A compuesta por Jagger & Richards, la B es un tema propio de Vashti.

Pero Vashti no está satisfecha, no solo con el papel secundario que la industria pretende hacer de ella (ni, por supuesto, con los arreglos espectorianos que Andrew introduce en versiones y temas propios), tampoco lo está con ella misma. Porque a estas alturas, en Mayo de 1966 (nota de prensa de E.M.I. Records), Vashti se describe así misma como fuera de lugar, sin ataduras ni intenciones fijas. Confiesa no saber lo que quiere y, por consiguiente, no se va a esforzar en sacar las cosas adelante, odio ser responsable a todos los niveles. Añadamos a esta situación algunos momentos de depresión, de contínuos noviazgos fallidos, aburrimiento compulsivo, tensión familiar con un padre que ya empieza a hartarse del comportamiento de una Vashti abatida que no encuentra el reconocimiento que ella cree merecer. Se suceden nuevas grabaciones, esta vez en el sello Columbia: "Train Song" / "Love Song". la primera composición del malogrado artista folk Alasdair Clayre, la segunda, de la propia Vashti. Sigue sin ocurrir nada.

En el entreacto (o entre bambalinas, según el redactor) Vashti recupera la presencia de una antigua amistad de Oxford, la de un tal Robert Lewis (un tipo parecido al impresionante Heathcliff de "Cumbres borrascosas"), con él comparte la idea del escape como plan de futuro inmediato. Gracias a su relación con Loog Oldham Vashti se mueve en el área de amistades de Donovan, este le comenta que ha adquirido unos terrenos en la escocesa isla de Skye e invita a ambos a trasladarse hasta allí. Lugar ideal para dedicarse a la cría de perros, caballos y (si hay tiempo) también a la de seres humanos. Comienza un viaje que durará 18 largos meses, hasta Septiembre de 1969. Sirviéndose de un viejo carromato debidamente acondicionado, acarreado por la yegua Bess y acompañado por Blue (un cariñoso Shetland ya veterano miembro de la familia), Lewis & Bunyan (asistidos temporalmente por un John James que aportará su viejo Austin A40 como vehículo de apoyo) comienzan su peregrinaje.

En Noviembre de 1969 Vashti (ya embarazada de su primera hija) viaja a Londres para grabar "Just Another Diamond Day". Lo hace en el Sound Techniques Studios de King's Road bajo la supervisión de Joe Boyd, productor del disco. Miembros de Incredible String Band (Robin Williamson) y Fairport Convention (Dave Swarbrick y Simon Nicol) participan en la grabación. La copia que posee el redactor (RE Dicristina Records, 2004) contiene 14 temas más un single con 4 canciones de grabaciones anteriores. A él le suenan a celebración pastoral, una exaltación pagana de la naturaleza. Desde el tema que abre el álbum, "Just Another Diamond Day", hasta el que lo concluye, "Iris´s Songs For Us", Vashti susrra al oyente sus experiencias, sus meditaciones, muchas de ellas ("Glow Worms", "Where I Like To Stand", "Come Wind Come Rain", "Rainbow River"...) basadas en la observación de la naturaleza que la rodea, campos, valles, arroyos, animales domésticos, lluvia, viento, todo el espíritu de las estaciones aletean sin pausa. En algunos temas, "Timothy Grub", "Hebridean Sun", "Jog Along Blues", la intérprete relata el experimento de su viaje, en otros, "Lily Pond", los niños escuchan la canción de cuna eterna.

Entre líneas asoma ese deje de frustación del que hablaba el redactor al principio. Y es curioso porque aparece cuando el conocedor de la biografía de Vashti se asoma al disco ya pasado el tiempo. Allí se entera de cómo la artista inglesa rechazó este su primer trabajo, no tanto por desacuerdo con la producción de Joe Boyd (que algo de esto si hubo), sino como algo extraño, inesperado, algo surgido de un mundo interior que la compelía a alejarse de su obra para volver al estado de atonía de su primera juventud en Londres. Vashti resentida en cierta medida contra el mundo, decide ocultar su obra a sus hijas (ellas se lo echarán en cara transcurridos los años), abandona su retiro en las Hébridas decepcionada por la férrea enemistad de sus habitantes, se divorcia de Robert Lewis (¡para casarse con su Abogado!) después de 22 años juntos, vuelve a la ciudad para establecerse en Edinburgo.

 Al redactor le queda el poso final de un alma en pena, de una Vashti Bunyan con un cielo efímero donde poder cobijarse, y se pregunta: ¿valió la pena el viaje?


domingo, 7 de noviembre de 2021

LOS TOM CATS YE-YES.

 

En 1966 se estrena la película "Operación Secretaria", una comedia del director Mariano Ozores con José Luis López Vázquez y Gracita Morales como principales protagonistas. En los planos que ocupan los créditos del film, rodados en el club Consulado de Madrid, aparecen The Tomcats (Los Tom Cats como se les conocía en España por entonces) interpretando "Two Minds In Tune", un tema en la onda freak-beat en boga, compuesto por el que podía considerarse como líder de la banda, el músico inglés Tom Newman. Las imágenes (en blanco y negro) no tienen desperdicio, reflejan el ambiente de una juventud urbana, ya acostumbrada a cierta relajación de costumbres, el baile suelto y la moda ye-ye británica, enfrentada a un mundo adulto que, conociendo los antecedentes de un director como Ozores, queda prácticamente circunscrito a la conducta del típico obseso sexual castizo.





The Tomcats, al igual que otras bandas inglesas "autoexiladas" (The Deejays en Suecia, The Renegades en Finlandia, The Scorpions en Holanda, The Sorrows en Italia, The Smoke en Alemania...), buscan fuera de sus fronteras algo más que un cierto reconocimiento, persiguen un modo más seguro de ganarse la vida, al margen de la fuerte competencia de una miríada interminable de formaciones autóctonas que parecen complicar su sustento. El hecho de apostar por un país como España, en 1965 todavía bajo la égida de la dictadura franquista, y una ciudad como Madrid, ajena a los circuitos turísticos de temporada, viene a demostrar el valor de su propuesta.

The Tomcats proceden de dos formaciones londinenses, The Dreamers y The Second Thoughts. Ambas se mueven en los alrededores del Ealing Club de Alexis Korner y Cyril Davies, se empapan del ambiente r&b de la época y forman parte de una comunidad creciente que incluiría a bandas como Rolling Stones, Yardbirds o Manfred Mann. Varios de los miembros de The Second Thoughts se trasladan a España en 1964, acompañan al cantante francés Teddy Ray en su gira veraniega y regresan a las Islas encantados de la vida,  han disfrutado de un enorme éxito de público, buenas pagas y una diversión asegurada. Planean una segunda visita a finales de 1964 y, ya en esta nueva ocasión, la formación decide recuperar el nombre de The Tomcats, una marca que ya utilizaban esporádicamente en el circuito londinense. Esta nueva versión, que agrupa tanto a miembros de The Second Thoughts como The Dreamers, se establece en Madrid en la primavera de 1965.

Presentemos a los miembros iniciales de The Tomcats en la capital: Tom Newman (voz y guitarra rítmica), Tony Duhig (guitarra solista), Mickey Holmes (bajo), Jon Field (congas y voces) y Speedy Keen (batería). Holmes y Keen deciden volver a las Islas poco tiempo después de probar la tortilla de patatas y son rápidamente sustituidos por el batería y bajo originales de The Tomcats, Chris Jackson y Alan James. Vic Griffins, arpista de The Second Thoughts, se une a la formación por unos pocos meses. El gran éxito de audiencia convence al sello Philips para firmar un contrato con The Tomcats que cubriría la grabación de cuatro EPs entre 1965 y 1966. Un total de 12 canciones, la mayoría de ellas grabadas en un par de tomas y en condiciones técnicas mejorables, otorgan a la banda la exposición necesaria para mantener su aureola de lo más "in" a este lado del Manzanares. El hecho de que los ingleses acepten incluir varios temas en castellano, versiones de hits de Lola Flores y de compositores señeros (Quintero, de León & Quiroga), facilita el camino para conseguir la banda sonora perfecta de los años iniciales de la cultura ye-ye capitalina.

En el año 2019 el sello Munster Records edita la primera y más completa recopilación de The Tomcats en su etapa española. Denominada "A Tu Vera", recoge, además de los hits nacionales antes mencionados en los EPs de Philips ("A Tu Vera", "Macarenas", "Qué Familia Más Original", "Pena, Penita, Pena", no se pierdan su desacomplejado acento anglosajón), la gran mayoría de los temas que versioneaban los músicos londinenses en su residencia en el club Consulado. Hay una más prolífica representación de The Rolling Stones (magnífica "La Neurastenia" del "19th Nervous Breakdown", "Paint It Black", "Get Off Of My Cloud"), Beatles ("Yesterday"), Mamas & Papas ("Monday, Monday"), Yardbirds ("For Your Love"). Las composiciones propias, esta vez como The Second Thoughts, quedan relegadas a la cara D del doble vinilo. Acompaña al disco un magnífico y completo texto de Mike Stax, líder de muy recomendables bandas garajeras (Tell-Tale Hearts, The Hoods y The Loons) y editor de la reconocida revista Ugly Things Magazine, además de varias postales gráficas de su etapa madrileña (El Retiro, El Lago de la Casa de Campo, Plaza de España, etc)

De acuerdo a fuentes bien informadas The Tomcats desparecen de la escena madrileña a mitad del verano de 1966, Tom Newman ha dejado embarazada a la hija de un prestigioso jurista y, de acuerdo al significado de su nombre en la jerga inglesa, no les queda otra que tomar las de Villadiego. Una vez en tierra segura los miembros de The Tomcats bifurcan su propuesta. July y Jade Warrior serán sus prestigiosos herederos naturales. Sirva como consuelo, aquel año de 1966 el Real Madrid ye-ye gana su sexta Copa de Europa frente al Partizan de Belgrado. Afortunadamente, el legado de Los Tom Cats dio  frutos tempranos.