A lo pronto fui a lo más fácil, pero me enredé. Les cuento. Pensé iniciar la entrada rememorando el primer encuentro con John Martyn, un ya lejano verano de 1974, de visita en Londres, con la compra en el HMV Shop de Oxford Street de su "Bless The Weather" (Islands Rcds, 1971). Reivindicar ahora aquella magnífica sensación de escuchar algo nuevo, distinto, un autor que mezclaba brillantemente la melodía de sus canciones con una instrumentación especial, una apuesta empeñada en dirigir al oyente hacia emociones que antes pudiera no haber experimentado. Esa idea me motivaba.
Pero no, nublado vuelo gris del arrepentido, reconozco ahora que, conociendo a posteriori la tristísima relación entre John y su mujer, Beverley Martyn (malos tratos, abusos, abandono a su suerte...) debería haber variado ese comienzo, atraer la atención del lector hacia la víctima, reivindicar mejor su figura.
Volví a tropezar sobre la misma piedra. Empeñéme con énfasis en repasar los textos de las canciones de este "Stormbringer!" (4MenwithBeards Rcds, RE 2011), busqué en ellos al más probable prescriptor de la tormenta y, aunque de forma algo velada al principio, más diáfana al final de la grabación ("Would You Believe Me?" anticipa aquí futuras desgracias), John aparecía entonces como el presunto villano en esta historia.
¡La madre que me parió!..., ¿es posible que se complique uno la vida de forma tan gratuita, intentando (re)crear una historia aparentemente inócua, el mero relato del contenido de un disco, para mezclarlo con truculentas secuencias vitales de sus protagonistas?. No vale la pena, asi que decidí dar un giro...
...y ya puestos...¿por qué no divagar sobre el viaje de John y Beverley recién casados hacia unos Estados Unidos, llenos de esplendor underground en aquel mágico año 1969 de Woodstock? (de hecho una canción lleva ese mismo título). ¿Por qué no crear un símil marinero, rememorar las hazañas literarias de aquellos legendarios pescadores bretones, gallegos, vascos que navegaron por el Gran Sol de Aldecoa y Castroviejo hasta que se encuentran en las costas de Massachussetts con el ballenero de Melville?
A priori, esa probabilidad naútica me abría más campos de experimentación narrativa, me alineaba con la verdadera decisión de John y Beverley al cruzar el charco, poner mar por medio, pero para consolidar una relación ideal en la que la propia música sirviera también para fortalecer su vínculo profesional. Joe Boyd, el productor del disco, ya lo había previsto. Dos personajes, John, artista en claro ascenso en la escena británica folk-rock de los últimos 60, autor de dos discos ("London Conversation" 1967 y "The Tumbler" 1968, ambos en Island Rcds), junto a Beverley, una folk-singer de Coventry, curtida también en la escena de jug-bands con The Leeve Breakers, protagonista esporádica en grabaciones sueltas de John Renbourn y Bert Jansch, cercana al círculo de un Paul Simon que, de vuelta a Nueva York, la invita para participar en la grabación del álbum "Bookends" (Columbia Rcds, 1968) junto a su compañero Art Garfunkel.
Beverley apoya su cabeza sobre el hombro de John. Su mirada se nos muestra fija sobre la cámara de Hiroshi - el fotógrafo acreditado -. John gira su rostro pensativo hacia el lado contrario, a los dos personajes les encumbra un cielo con mayor rasgo pictórico, sus colores parecen anunciar una sesión de romántico esplendor, de melancólica dispersión, sensación que queda aun mas resaltada en los retratos de ambos en la contraportada del disco. Observen sus ojos, ensoñadores, la línea de sus labios, satisfechos tras una breve pereza que busca despertarse definitivamente, la diáfana luz en sus caras.
Vamos al grano. Interesante observar previamente cómo John y Beverley se reparten la autoría de las 10 canciones, 6 para él, 4 para ella, un porcentaje que, independientemente de la escasa diferencia que representa, resalta la importancia acreditada a Beverley, una protagonista con el suficiente empaque artístico para consolidar su peso específico dentro de la grabación.
Sigamos por esta vía individual. Tres temas de John en la Cara A. "Go Out And Get It", "Stormbringer!" (la voz de Beverley la hace casi suya) y "Woodstock". Su personalísima voz potencia la estructura melódica de cada una de ellas, las otorga el suficiente impulso rítmico para elevarlas a la condición de grandes canciones, sin necesidad de recrearlas con arreglos inoportunos. Las dos restantes de Beverley, "Can´t Get The One I Want" y "Sweet Honey", meláncolica belleza y quietud en la primera, la segunda, la más extensa del disco, encumbran el fraseo de una artista perfectamente dotada para hacer creíble la lírica del texto que recita. La instrumentación en todas ellas marca una de las pautas reseñables en el disco. Base rítmica de folk-rock potente, líneas de bajos convincentes, teclados brillantes, batería elevada a su mínima (y máxima) expresión percusiva (Levon Helm colabora en "Sweet Honesty"). Además del miembro de The Band, un elenco de grandes profesionales acreditan esta afirmación (Paul Harris, piano, Harvey Brooks, bajo, John Simon, clave, Billy Mundi de The Mothers Of Invention y Herbie Lovell, también baterías).
Al igual que la cara anterior, la Cara B presenta la misma distribución de composiciones. Tres para John, "John The Baptist" (nueva colaboración de Levon Helm), "Traffic-Light Lady" y "Would You Believe Me?" (volvemos a resaltar aquí una suerte de premonición de un futuro desastroso) y dos para ella, "The Ocean" (existe una magnífica versión de Françoise Hardy) y "Tomorrow Time". Las dos primeras de John me retrotraen mucho a la etapa en la que conocí su obra ("Bless The Weather", 1974). Un artista aparentemente escueto en cuanto a su expresividad musical, libre de cualquier ambage innecesario que hiciera brillar el mensaje y contenido de sus canciones, pero, al mismo tiempo, dueño de una extraordinaria viveza rítmica e instrumental que, gracias a las ya mencionadas ansias de experimentación sonora, iban a proporcionarle muy buenos momentos en su carrera profesional.
Los dos reseñados temas de Beverley, navegan en un mar de melodía en calma, se asemejan a canciones de cuna interpretadas en tardes donde los colores se van diluyendo pausadamente. Maravilloso la clave que acompaña la interpretación de "Tomorrow Time", la voz de Beverley me recuerda aquí al mejor Adamo (si me lo permiten), aquel de "Mis Manos En Tu Cintura", "Tu Nombre". Continúa el vuelo de la clave de John Simon y Beverley tararea un final en el que escucho caer perlas sobre un suelo de mármol.
"Stormbringer!", publicado en 1970 por Island Rcds., muestra en definitiva a dos grandes artistas. John, más conocido, autor con una sólida base folk pero protagonista también de una inefable inquietud por ampliar su estilo incorporando nuevas influencias, rock, jazz, blues. Beverley, contrapunto más terrenal, compositora menos conocida pero, en el momento de la grabación (verano de 1969) ya con tablas suficientes para convencer a Joe Boyd de la oportunidad que se le presentaba. Conjugar el empuje de John con la ternura de Beverley. Ocasión, al igual que su siguiente grabación del mismo año y sello ("The Road To Ruin"), que no terminó de cuajar entre una audiencia quizás más atenta con los fuegos postreros de la psicodelia. Lástima, sobre todo para una Beverley que podría haber dado mucho más juego del que le perimitieron dar.




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