De nuevo con vosotros, esta vez os traigo a The Falling Spikes de Eugene, Oregón.
A mediados de la década de los 80 en los rincones subterráneos de Eugene, Oregón, The Falling Spikes miraban firmemente hacia el retrovisor. Formados en 1985, este combo se dedicó a encapsular la energía cruda del garage rock y el sonido jangle de la invasión británica y la Costa Oeste de los años 60. Su legado definitivo quedó inmortalizado gracias al sello discográfico alemán Music Maniac Records dentro de su mítica serie recopilatoria con el lanzamiento de Teen Trash Vol. 10: The Falling Spikes (1994).
La serie Teen Trash, célebre por sus portadas ilustradas por Rudi Protrudi (líder de The Fuzztones) que evocaban cines autocine clásicos, se propuso mapear las bandas de garage revival más oscuras y locales del planeta. El volumen 10 funciona prácticamente como la antología definitiva y la producción grabada casi al completo de la banda.
El disco destaca por su dualidad: un pie en el espíritu lo-fi e irreverente del punk americano y otro en las melodías azucaradas pero urgentes del beat de los 60. La banda se apoya en composiciones directas y versiones ejecutadas con una distorsión abrasiva pero melódica.
Canciones como "History", "Doesn't Matter Anymore" y "Big Blue Wave" demuestran la capacidad de la banda para estructurar ganchos pop inmediatos bajo capas de guitarras rítmicas estridentes. La urgencia de "Don't Crowd Me" canaliza esa claustrofobia adolescente tan propia del género.
El álbum brilla en su relectura de clásicos indiscutibles. El grupo acomete con furia el "7 & 7 Is" de Love y la seminal "Pushin' Too Hard" de The Seeds, inyectándoles una dosis extra de velocidad contemporánea sin diluir el misticismo lisérgico original. También rinden tributo al proto-punk con una ruidosa interpretación de "Teenage Head" de los Flamin' Groovies.
Teen Trash Vol. 10 es un documento histórico fascinante. No busca inventar la rueda, sino hacerla girar a revoluciones peligrosas. Lo que hace que este volumen sobresalga en la colección de Music Maniac es la crudeza genuina de la banda; carecen de la producción pulida de otros contemporáneos del revival como The Chesterfield Kings, optando en su lugar por un sonido directo a la línea de flotación, capturado como si se grabara en directo en un sótano húmedo.
La sección rítmica es incesante y el uso de las texturas de guitarra evoca tanto el tintineo de los Byrds como el zumbido ácido de los Count Five. Quizás el único punto flaco del álbum sea su naturaleza de "cajón de sastre" recopilatorio, lo que genera ligeras inconsistencias en la fidelidad del audio entre pistas. Sin embargo, para los puristas del garage, esa falta de uniformidad es precisamente lo que otorga autenticidad al plástico.
En fin, este volumen es una parada obligatoria para los entusiastas del fuzz, los coleccionistas de rarezas de los 80 y cualquiera que desee entender las corrientes subterráneas alternativas que coexistieron al margen del posterior estallido de Seattle.
La serie Teen Trash, célebre por sus portadas ilustradas por Rudi Protrudi (líder de The Fuzztones) que evocaban cines autocine clásicos, se propuso mapear las bandas de garage revival más oscuras y locales del planeta. El volumen 10 funciona prácticamente como la antología definitiva y la producción grabada casi al completo de la banda.
El disco destaca por su dualidad: un pie en el espíritu lo-fi e irreverente del punk americano y otro en las melodías azucaradas pero urgentes del beat de los 60. La banda se apoya en composiciones directas y versiones ejecutadas con una distorsión abrasiva pero melódica.
Canciones como "History", "Doesn't Matter Anymore" y "Big Blue Wave" demuestran la capacidad de la banda para estructurar ganchos pop inmediatos bajo capas de guitarras rítmicas estridentes. La urgencia de "Don't Crowd Me" canaliza esa claustrofobia adolescente tan propia del género.
El álbum brilla en su relectura de clásicos indiscutibles. El grupo acomete con furia el "7 & 7 Is" de Love y la seminal "Pushin' Too Hard" de The Seeds, inyectándoles una dosis extra de velocidad contemporánea sin diluir el misticismo lisérgico original. También rinden tributo al proto-punk con una ruidosa interpretación de "Teenage Head" de los Flamin' Groovies.
Teen Trash Vol. 10 es un documento histórico fascinante. No busca inventar la rueda, sino hacerla girar a revoluciones peligrosas. Lo que hace que este volumen sobresalga en la colección de Music Maniac es la crudeza genuina de la banda; carecen de la producción pulida de otros contemporáneos del revival como The Chesterfield Kings, optando en su lugar por un sonido directo a la línea de flotación, capturado como si se grabara en directo en un sótano húmedo.
La sección rítmica es incesante y el uso de las texturas de guitarra evoca tanto el tintineo de los Byrds como el zumbido ácido de los Count Five. Quizás el único punto flaco del álbum sea su naturaleza de "cajón de sastre" recopilatorio, lo que genera ligeras inconsistencias en la fidelidad del audio entre pistas. Sin embargo, para los puristas del garage, esa falta de uniformidad es precisamente lo que otorga autenticidad al plástico.
En fin, este volumen es una parada obligatoria para los entusiastas del fuzz, los coleccionistas de rarezas de los 80 y cualquiera que desee entender las corrientes subterráneas alternativas que coexistieron al margen del posterior estallido de Seattle.
Lista de canciones
1 7 & 7 Is
2 Doesn't Matter Anymore
3 Gonna Miss Me
4 Big Blue Wave
5 Clam Dippin'
6 The Door
7 Teenage Head
8 History
9 Don't Crowd Me
10 Glass In The Sand
11 Pushin' Too Hard
12 Headline
13 Lost World
1 7 & 7 Is
2 Doesn't Matter Anymore
3 Gonna Miss Me
4 Big Blue Wave
5 Clam Dippin'
6 The Door
7 Teenage Head
8 History
9 Don't Crowd Me
10 Glass In The Sand
11 Pushin' Too Hard
12 Headline
13 Lost World
The Falling Spikes
Michael Miller: Bajo.
Richie Cueller: Batería.
John Ferris: Guitarra.
George Khier: Teclados.
Molly B: Voz.
John Barley: Voz, guitarra.
Michael Miller: Bajo.
Richie Cueller: Batería.
John Ferris: Guitarra.
George Khier: Teclados.
Molly B: Voz.
John Barley: Voz, guitarra.
Una cata






















